Crítica de Paradise Hills

Después de su paso por Sitges, Paradise Hills está actualmente en la cartelera si no se la acaba de comer Maléfica. Hablamos de este cuento moderno, que ha sido el debut en la dirección de la bilbaína, Alice Waddington.

Siempre me parece raro, cuando un debut tiene esta puesta en escena, Paradise Hills nos mete de lleno en una distopía de un extraño centro de reclusión para señoritas, tipo como los antiguos orfanatos pero con un aspecto apabullante, la dirección de arte y el vestuario son los puntos más fuertes de la película.

Paradise Hills es un elaborado artefacto surreal, en el que vigilia y sueño se mezclan arteramente para buscar algo tan terrible como la domesticación de jóvenes de buena sociedad aptas para una boda a conveniencia de sus padres.

Situada la acción en una remota isla muy artificial, y en un tiempo no desvelado (los coches vuelan, pero la escenografía y el vestuario parecen del XIX: para subrayar que hay cosas que bien podría ser que nunca hubieran cambiado, como la subordinación de la mujer a dictados del patriarcado.

Todo esto que pintaba muy bien, aunque sus personajes podrían ser mejorables aunque las actuaciones son buenas, acaba en un despropósito de final que te saca de la película, todo ese trabajo se hunde por meter elementos fantásticos sin tener una referencia anterior que te pueda justificar. Terminando en algo que podía haber sido una gran película, acaba siendo algo más mediocre, cargándose todo el trabajo realizado.

Pero aplaudo que se hagan películas con este gusto en España.

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