Crítica de “El Hoyo” la voracidad humana

Galder Gaztelu-Urrutia hace su debut con 45 años, después de pasar por varios cortometrajes y trabajos de publicidad, es firme candidato a mejor dirección novel en los Goya, si los académicos no están ciegos.

Ya que El Hoyo, es un soplo de aire rancio, que huele a putrefacción, a crueldad humana, lucha de clases y sobre todo desprende mala leche. Por eso mismo, por esta oda a voracidad humana merece estar entre lo mejor que he visto este año, extrañamente prolífico de buenas películas.

La película ya dio la sorpresa en Toronto y luego ha sido la primera película patria en ganar Sitges (en sus 53 años), patria por decir algo, ya que ha salido de la mente de unos vascos con apoyo de catalanes.

Uno de los puntos fuertes es el guión sublime, con la afilada pluma de Pedro Rivero (Psiconautas) y David Desola que se guardan un pequeño cameo acuático en el film, donde disfrutamos de unos diálogos afilados como cuchillas y profundos como el propio hoyo. Dando una percepción de la sociedad piso a piso, con algo muy básico, sin elegirlo comerás mejor según el lugar donde te toque.

El Hoyo se ambienta en un mundo distópico que cuenta con una estructura vertical, dividida en niveles. En cada uno de ellos, habitan dos personas que deberán subsistir con la comida que, una vez al día, baja de una plataforma rebosante de alimento. De esta forma, en la planta 0 se elaboran los más exquisitos manjares que, teóricamente, podrían nutrir al conjunto de los sujetos. Sin embargo, cada x tiempo, dichos individuos son cambiados de planta, dando a salir las peores caras de la sociedad y tal vez las mejores.

La película es un claro reflejo de la sociedad capitalista. El individualismo prima sobre el pueblo y ante el temor de que nuestro estatus social se caiga, preferimos quedarnos como estamos, aunque ello implique tener que tragarte tus convicciones y mirar para otro lado.

Iván Massagué, actor que ha ido alternando, sin muchos éxitos, papeles secundarios entre la pequeña y la gran pantalla, da un golpe en la mesa realizando una excelente interpretación como Goren, protagonista de la historia. Si en el cine español últimamente parece que hablar entre dientes o con mala dicción o sin pronunciar bien, está de moda, el actor catalán rompe ese tabú acompañado del Quijote como soporte, interpretaciones así se merecen más reconocimiento, a un actor de su talla. Obvio que no podía olvidarme de Zorion Eguileor, el Hannibal Lecter vasco, que se lleva al público de la mano con su saber hacer.

Tuve la suerte de conocer a Pedro Rivero en Bilbao, en un bar lógicamente, con el cual pude intercambiar alguna palabra, un hombre brillante aunque autodestructivo, me preguntó quién era, me presenté y le comenté que acaba de hacer una película, inmediatamente me dijo “seguro que es una mierda” yo le contesté pues seguramente, pero quién hace buen cine actualmente, pues Pedro tú has escrito una película cojonuda.

Estará en mi top 10 del año seguro.

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