75 años de Hiroshima

Algo que parece casi olvidado es que Estados Unidos, con la guera casi ganada lanzó un ataque nuclear contra Japón, para mostrar todo ese poder y dar un golpe sobre la mesa, una acto atroz.

Una pesadilla que irradiaría de manera irreversible el paisaje de la cultura. La caída de las bombas atómicas Little Boy y Fat Man sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 marcó el final de la Segunda Guerra Mundial.

Esto más el holocausto nazi, son las dos aberraciones humanas del siglo pasado. Todo este horror ha sido reflejado en el cine, como una forma de cerrar heridas y aprovechar el miedo colectivo.

El miedo a la destrucción total y absoluta había tenido su prueba, bastaron unos pocos años de incubación para que la cultura popular alumbrara un subgénero propio capaz de sintetizar en una metáfora manejable un sentimiento colectivo que no se podía contener, ni delimitar: aquellas películas de serie B de los años cincuenta en las que la radiación agigantaba criaturas o resucitaba monstruos.

La humanidad en peligro (1954) es un claro ejemplo de este tipo de cine, con gran autocrítica y grandes personajes, una película imprescindible para entender el género de serie B de monsturos gigantes, en este caso Hormigas gigantes.

Godzilla (1954) fue la respuesta japonesa, producida por la mítica Toho, fue la primera de muchas películas de kaijū que se producirán en Japón. Después de la bomba todo de monstruos de las profundidades despertaron.

Esas heridas fueron la inspiración de titulos memorables como Hiroshima mon Amour (1959) película que habla sobre la postguerra, aprovechando una actriz francesa que se enamora de un arquitecto japonés, bajo la sombra de la bomba caída.

Pero en el mundo occidental no apareció una verdadera crítica hasta que Stanley Kubrick hizo una de sus mejores películas en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964). Una sátira política muy acertada con un gran Peter Sellers en varios papeles, ahora la imagen del vaquero sobre la bomba atómica es de las más importantes de la historia del cine, grabada en nuestras retinas.

La cultura japonesa quedaría marcada para siempre por el recuerdo del horror vivido, grandes clásicos hacen relativa mención, como Cuentos de Tokyo (1953) de Yasujirō Ozu, haciendo una crítica muy fina, con pocos artificios, sobre el hijo muerto en la guerra y ese pesar que con lleva su viuda. La sencillez muchas veces golpea más fuerte que un monstruo gigante.

Más adelante el manga/anime ha sido una gran fuente de cultura post-bomba nuclear, con títulos como Akira, La tumba de las Luciérnagas, Shoujo Shuumatsu Ryokou, …

Sin olvidarnos de nuetros queridos zombies, grandes protagonistas, que la mayoría surgieron de la radioactividad, no como ahora que casi siempre son tratados como una enfermedad, pero sus inicios eran vestigios de la energía nuclear.

Luego apareció la guerra fría donde el cine fue otra de las armas, usadas en ambos bandos, como ya pasó con la Segunda guerra mundial, el cine es cultura pero también se ha usado como propaganda, de todo ello, siempre que se rebusca, se encuentran grandes películas.

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